VEJEZ Y DISMINUCIÓN PSÍQUICA

Ribes, R.
Universidad de Lerida

La mejora de las condiciones médicas y de salud en general ha incrementado la calidad de vida y por consiguiente, ha aumentado la esperanza de vida de la población y la de las personas disminuidas psíquicas en particular.

En España, sobre una población total con retraso mental de 276. 000 personas, el número que sobrepasaría los 65 años estaría entre las 13. 000 y las 20. 000 personas (Janicki, 1987).

Dentro de la población con retraso mental, la síndrome de Down ocupa el 15% del total y es según la bibliografía, el grupo donde la esperanza de vida ha aumentado más en los últimos 20 años.

J. J. Eisering (1987) , en su estudio, concluye que más de la mitad de niños síndrome de Down que superan los cinco años , superaran también los 40 años.

Eyman et al. (1991) encuentran una esperanza de vida de más de 50 años en personas S. D. institucionalizadas.

Pero antes de adentrarnos en las características propias que conforman esta nueva etapa de la vejez, vamos a definir el término no como el resultado del incremento de la edad cronológica (al respecto, no hay acuerdo entre los diferentes autores: Fenner et al (1987), Thase et al (1984), Zigman et al (1987) y Devenny et al (1992), coinciden en marcar la edad de los 35 años como el inicio de la etapa de la vejez, mientras que en los estudios de Zigman (1987), Evenhuis (1990), Prasher et al (1993) y Collacott (1993) se marca la década de los 50, como el inicio del deterioro de esta etapa) sino considerando VEJEZ desde una perspectiva funcional, como el cambio en una serie de funciones sensoriales, motoras, cognitivas, personales y sociales.

Vemos como el concepto de edad funcional ha sobrepasado al de edad cronológica/vejez social.

El envejecimiento funcional hace referencia a los cambios en las capacidades adaptativas e intelectuales de la persona que pueden poner en peligro su autonomía individual y secundariamente su ajuste social.

J. Flórez (1993) habla de una clara dirección del envejecimiento cerebral en el S. D. hacia el desarrollo de la demencia tipo Alzheimer. Vazquez de Prada (1993) señala un 40-50% de afectación de la demencia Alzheimer en el S. D.

Por otro lado, en el estudio de Lai y Williams (1989), realizado en una población de 53 personas S. D. de más de 35 años, que vivían en régimen institucionalizado, la prevalencia de demencia era de:

    -8% en edades de 35 a 49 años
    -55% en edades de 50 a 59 años
    -75% en las personas mayores de 60 años.

A nivel médico, la relación entre S. D y Alzheimer vendría dada por la ubicación de la enfermedad en su base genética en el cromosoma 21. Así , la persona S. D. al presentar una trisomía 21, tiene más material genético susceptible de condicionar la enfermedad.

Las células del cromosoma 21, disponen de una carga de gen APP (el cual sintetiza la proteína beta-amiloide PBA, principal componente de las placas neuríticas modificadoras de la estructura del cerebro potenciadora de demencia), aproximadamente 1'5 veces mayor que las células normales, por tanto, sintetizan más cantidad de proteína precursora. Se ha comprobado que la concentración del APP en el plasma y en el cerebro de las personas S. D. aparece varías decenas de años antes que en las personas que no presentan S. D. (Rumble et al 1989).

H. Evenhuis (1990), confirma en su estudio que el inicio de la demencia en S. D. es 10 o 15 años más temprano que en personas no Down.

Pero que haya presencia de patología en el cerebro no quiere decir que tenga que encontrarse en todos los casos deterioro con sintomatología clínica, tipo demencia ya que depende del número de lesiones cerebrales , de su ubicación y del papel que juegan otros genes, (Flórez 1993). En el caso que la haya, el inicio de los primeros síntomas se da 10 años más tarde que los signos iniciales en neuropatología.

Fenner (1987) encuentra un deterioro clínico significativo (pérdida de memoria, deterioro de las funciones mentales e incapacidad progresiva para el autocuidado) en menos del 50% de los casos y siempre a partir de los 40 años.

En cuanto a los criterios clínicos para establecer el diagnóstico de Demencia tipo Alzheimer, varios autores coinciden en señalar que hace falta una revisión de la definición del DSM III-R. La revisión de Evenhuis (1992) marca como criterios de diagnóstico los siguientes:

    -declive del nivel original de memoria a corto y largo plazo.
    -al menos, una característica de las siguientes:
        - deterioro del nivel original de orientación espacio-temporal
        - afasia
        - apraxia
        - cambios de personalidad
    -los cambios anteriores provocan interferencias en el trabajo o en las actividades sociales.
    -todo lo anterior no se da en un proceso de delirio.

Por otro lado, Shapiro (1987) propone los siguientes criterios clínicos:

    -pérdida adquirida y progresiva de las funciones intelectuales, manifestadas en la vida ordinaria y laboral
    -alteraciones de la memoria
    - disminución de la capacidad lingüística y de la comprensión
    -alteraciones de la personalidad

En referencia a la gradación evolutiva de la enfermedad, no hay acuerdo entre los autores. Los hay que distinguen dos etapas en el declive cognitivo del S D. Shapiro (1987), por ejemplo, separa:

    -una primera etapa marcada por la disminución de la memoria viso-espacial inmediata y menor capacidad para retener y utilizar a largo plazo la nueva información.
    -una segunda etapa donde se manifiesta una pérdida en la expresión de conductas que exigen un aprendizaje. Es decir, habría un deterioro de las habilidades manipulativas.

En cambio, V. P. Prasher (1993) no evidencia en su trabajo, dos niveles diferentes en la sintomatología de la demencia.

Una vez delimitado el concepto de VEJEZ y DEMENCIA, vamos a detenernos en los instrumentos para la evaluación de los niveles funcionales/deterioro intelectual que marcarán el proceso de deterioro.

Los test más utilizados, en su forma original o bien previa adaptación, aplicados de forma periódica han sido:

    -Stanford Binet Intelligence Scale (Fenner 1987, Brugge 1994)
    -Peabody Picture Vocabulary Test-revised (Blackwood et al, 1988)
    -Subtest de Cubos del WISC-R (Gibson et al 1988)
    -Subtest de la escala McCarthy (Brugge 1994)
    -Registro de Discapacidad Mental de Wessex (Moss 1991)
    -Adult Functional Adaptive Behavior Scale AFABS (Kerby 1989)
    -ABS (Adaptive Behavior scale) (Collacott 1993, Fine 1990)
    -VABS (Vineland Adaptive Behavior Scale) (Byrd 1992)
    -Boston Naming Test (Brugge 1994)
    -Test verbal Calfornia (Brugge 1994)
    -Abreviación del Minnesota Developmental Programming System Behavioral Scales (Zigman 1987)
    -Delayed Matching to Sample test of Memory (DMTS) versión adaptada (Dalton 1992, Byrd 1992)
    -Visual Recognition Span test (VRS)versión adaptada (Dalton 1992)
    -Client Development Evaluation Report (Silverstein 1988)

Un punto y aparte merece el DMR (cuestionario para el diagnóstico de la demencia en la persona con retraso mental) de H. M. Evenhuis (1992) por tratarse de un instrumento específicamente creado para tal fin. De pasación longitudinal, el DMR consta de 50 ítems distribuidos en 8 subescalas :

    -memoria a corto plazo
    -memoria a largo plazo
    -orientación espacio-temporal
    -habla
    -vida diaria
    -estado de ánimo
    -actividad e interés
    -problemas de conducta

Es importante detenerse en el último punto, PROBLEMAS DE CONDUCTA, ya que parece relacionarse la demencia con la aparición de trastornos psiquiátricos de tipo afectivo (depresión, conducta agresiva.).

L. Teri y B. Reifler (1987) hablan de la coexistencia de depresión y demencia en la población normal.

En nuestra población de estudio, B. Byrd (1992) encuentra una relación significativa entre depresión y demencia en el síndrome de Down que no está presente en el retraso mental debido a otras causas.

Pero no puede confirmarse todavía si la depresión es un factor de riesgo de la demencia en el síndrome de Down o si la depresión es uno de los síntomas que acompañan la demencia.

También se estudia la relación entre demencia y Epilepsia en el síndrome de Down. Collacott (1993) encuentra una asociación significativa entre el diagnóstico de demencia y la presencia de crisis. Un 10% de la muestra de estudio presenta crisis y en los individuos de más de 60 años, la prevalencia de un ataque aumenta a un 30´8 %.

Para concluir este rápido repaso por los trabajos de investigación sobre el tema Vejez y Discapacidad psíquica, señalar que los resultados de las evaluaciones del nivel funcional /intelectual son muy dispersos.

Fenner (1987) encuentra en el S. D. , una mejora de la E. M. hasta los 35 años, momento en el que se inicia un deterioro significativo, en la tercera parte de la muestra estudiada.

Moss (1991) habla en su estudio del incremento con la edad, de los problemas de incontinencia, movilidad, visión y oído en las personas con retraso mental y en cambio registra una disminución de los problemas de conducta, epilepsia y en la dependencia del cuidado personal.

Devenny (1992) no encuentra ningún tipo de deterioro cognitivo asociado a la edad en el S. D.

Los resultados son todavía poco claros y ha de continuarse la investigación al respecto, con un único objetivo:

Llegar a delimitar con precisión el diagnóstico de demencia en la persona disminuida psíquica, para definir con claridad una alternativa terapéutica y diseñar un programa de intervención para garantizar una atención adecuada en esta nueva etapa de la vida de la persona disminuida psíquica.

BIBLIOGRAFÍA

BLACKWODD, D.H. y CLAIR, D.M. (1988) The development of Alzheimer's disease en Down's Syndrome assessed by auditory even related potentials. Journal of Mental Deficiency Research, 32, 439-453

BRUGGE, K.L.and NICHOLS S.L. (1994) Cognitive impairment in adults with Down's syndrome:similarities to early cognitive chances in Alzheimer's disease. Neuroloy ,44:232-238

BYRD, D et al (1992) Depression and the onset of dementia in adults with mental retardation. American Journal on Mental Retardation, vol 96, No 5,502-511

COLLACOTT, R et al (1993) Epilepsy, dementia and adaptive behavior in Down's syndrome. Journal of Intel. Disability Research 37,153-160

DALTON , A (1992) Dementia in Down Syndrome: methods of evaluation. Down Syndrome and Alzheimer disease, p.51-76. Wiley-Liss.Inc.

DEVENNY, D.A.et al (1992) Ageing in higher functioning adults with Down´s syndrome: an interim report in a longitudinal study. Journal of Intelectual Disability Research,volumen 36, 241-250

EISERING, J.J (1987) Aspectos del envejecimiento en el Síndrome de Down Siglo Cero, 113,42-48

EVENHUIS, H (1990) The Natural history of Dementia in Down´s Syndrome. Arch. neurology 1990, 47:263-267

EVENHUIS, H(1992) Evaluation of a screening instrument for dementia in ageing mentally retarded persons. Journal of Intellectual Disability Research, 36,3 37-347

EYMAN, R et al (1991) Life expectancy of persons with Down Syndrome. American Journal on Mental Retardation, vol 95, nº 6, 603-12

FENNER, M.E. et al (1987) Down's syndrome:intellectual and behavioural functioning during adulthood. Journal of Mental deficiency Research , 31, 241-49.

FINE et al (1990) Changes in adaptive behavior of older adults with mental retardation following desinstitutionalization American Journal on Mental Retardation, v.94, nº6, 661-68

FLOREZ, J (1993) El envejecimiento de las personas con síndrome de Down: ¿Alzheimer,si o no? Revista Síndrome de Down Cantabría. set. 55-62

GIBSON et al (1988) Age and pattern of intelectual decline among Down's syndrome and other mentally retarded. International journal of Rehabilitation Research, vol 11, 47-55

JANICKI, M(1987) Perspectiva general del envejecimiento y la deficiencia mental. SIIS-Real Patronato de Pre. y atención a Personas con Minusvalía. Colección Documentos, pag.37

KERBY, D et al (1989) Measuring adaptive behavior in Elderly Developmentally disabled clients. The journal of Applied Gerontology, vol 8 nº2, 261-67

LAI, F y WILLIAMS, S.S. (1989) A prospective study of Alzheimer disease in Down Syndrome Arch. Neurology, nº46, 849-853

MOSS, S.C.(1991) Age and functional abilities of people with a mental handicap:evidence from the Wessex Mental Handicap Register. Journal of Mental Deficiency Research , nº35, p.430-45

PRASHER, V.P. et al (1993) Age of onset and duration of dementia in people with Down syndrome:integration of 98 reported cases in the literature. International Journal of Geríatric Psychiatry, vol 8:915-22

RUMBLE, B et al(1989) Amyloid A4 protein and its precursor in Down's Syndrome and Alzheimer disease. N.England Journal of Medecine , 320, 1446-52

SHAPIRO, M.B. et al (1987) Decline in cerebral glucose utilisation and cognitive function with ageing in Down's syndrome. Journal of Neurology Neurosurg. Psychiatry, nº50, 766-774

SILVERSTEIN, A. and HERBS, D (1988) Effects of age on the adaptive behavior of inst. and no institut. individuals with Down Syndrome. American Journal on Mental Retardation. vol 92, nº5, 445-60

THASE, M.E. (1984)Clinica evaluation of Dementia in Down's Syndrome:a preliminary report. Journal of Mental Deficiency Research, v 26 pt 4, 239-44

TERI, L and REIFLER, V (1987) Depresión y Demencia. En El envejecimiento y sus trastornos. L. Carstensen, p. 127-33

VAZQUEZ DE PRADA y otros (1992) El envejecimiento de las personas con retraso mental. Siglo Cero, nº140, p. 12-19

ZIGMAN, W et al(1987) Premature regression of adults with Down's syndrome American Journal of Mental Deficiency.v.92 n2 161-68.