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En esta vida todo el tiempo que no se consagra al amor,
es tiempo perdido
Así es la aurora/ Cela s’appelle l’aurore (1956)
Luis Buñuel
El cine se
nutre de historias humanas, donde el enfermo y su
padecimiento juegan un papel muy importante porque la
enfermedad tiende a irrumpir de forma imprevista y es
capaz de cambiar el curso de su vida y su percepción de
la realidad1.
Para el ser humano, ésta es una experiencia biográfica
en el contexto de su propia vida, con su propia
estructura narrativa. Donde la enfermedad deja en cierto
sentido al descubierto sus raíces, sus debilidades y su
fortaleza. El médico para comprender mejor al paciente
en estas circunstancias, además de una base intelectual,
requiere desarrollar otra emocional y sensible que le
permita apreciar los diversos elementos que reflejan
cómo se siente el hombre cuando se enferma y cómo se
viven los problemas vitales, la influencia de la
espiritualidad, del ambiente y de las redes sociales en
las que la persona participa.
La
potencialidad docente del cine reside en que es un
procedimiento visual, vinculado al ocio y
entretenimiento, muy cercano a la cultura de las
generaciones jóvenes y menos jóvenes por lo que es de
ayuda no sólo para el conocimiento de los valores que
fomentan las historias contenidas en las películas sino
también el respeto a otras formas culturales de entender
la enfermedad y la realidad. Su carácter lúdico
contribuye a resaltar los aspectos más entretenidos del
mundo del conocimiento. Es un vehículo muy importante
para la educación sanitaria porque puede facilitar la
discusión y el aprendizaje de actitudes en el cuidado de
los enfermos, revisar enfermedades clásicas, las
enfermedades mentales, carencias y minusvalías. Permite
sacar partido a las experiencias del pasado, transmitir
un conocimiento en construcción, hablar de la relación
médico- paciente, conocer y fomentar habilidades para el
trabajo en equipo, aprender a “empatizar” y combinar la
formación técnica-científica con la humanística a la
cabecera del enfermo2,3.
El cine y la televisión, son, sin duda, dos medios de
gran impacto con enormes posibilidades para informar,
divulgar mensajes y educar a la población que pueden
servir enormemente en la formación profesional con una
metodología adecuada.
El pensar en
histórico guarda relación con la forma con la que se
investiga en medicina, cuáles son las causas de un
acontecimiento (clínico) o a qué se parece este suceso (caso)
o cuáles son los agentes (factores) implicados2.
La propia argumentación que induce a pensar en una
situación y no en otra, forma parte tanto de la práctica
histórica como de la científico-médica. Algunas
películas proporcionan herramientas analíticas muy
importantes para estimular el interés crítico por el
pasado y el presente de la actividad científica. Dos
películas de interés en este aspecto son: Casas de
Fuego (1995) de Juan Bautista Stagnaro, sobre la
vida de Salvador Mazza, médico argentino que hizo
importantes aportaciones sobre el mecanismo de acción
del Tripanosoma cruzi en la enfermedad de Chagas4
y El Doctor Akagi/ Kanzo sensei (1998) de Shohei
Imamura 1998, sobre un médico de un pueblo de la costa
japonesa que se esfuerza para comprender la razón de la
hepatitis que afectaba a sus enfermos.
Con relación
a la enfermedad y el enfermar se pueden distinguir
diferentes tipos de películas1:
“las saludables”, en las que no hay rastro de dolencia
en sus tramas, las de “presencias puntuales de la
enfermedad”, donde éstas juegan un papel importante en
el guión, como Mejor…imposible/ As Good as It Gets
(1997) de James L. Brooks y películas donde la
enfermedad es “argumental” como Pánico en las calles/
Panic in the Streets (1950) de Elia Kazan sobre el
control de un brote de peste neumónica. Algunas
patologías han dado origen a películas como Psicosis/
Psycho (1960) de Alfred Hitchcock o El silencio
de los corderos/ The Silence of the Lambs (1991) de
Jonathan Demme que han dejado huella en la historia
cinematográfica. Otras películas interesantes son: El
paciente inglés/ The English Patient (1996) de A.
Minghella, sobre el gran quemado, la identidad y el
cuidado, El experimento Tuskegee/ Miss Evers´Boys
(1977) de Joseph Sargent sobre la sífilis y la
investigación con seres humanos, Philadelphia
(1993) de Jonathan Demme, sobre el SIDA, El hijo de
la novia (2001) de Juan José Capanella sobre la
demencia de Alzheimer, This Girl’s Life (2003) de
Ash, sobre la enfermedad de Parkinson, Mi pie
izquierdo/ My left foot (1989) de Jim Sheridan sobre
la parálisis cerebral, Diarios de motocicleta
(2004) de Walter Salles sobre la lepra, Mi vida como
un perro/ Mitt liv som hund (1985) de Lasse
Hallstrom sobre la tuberculosis, Duelo silencioso/
Shizukanaru ketto (1949) de Akura Kurosawa sobre la
sífilis, Una mente maravillosa/ A Beautiful Mind
(2001) sobre la esquizofrenia, Buenas noches, madre/
Good Night Mother (1986) de Tom Moore sobre la
epilepsia y El hombre elefante/ The Elephant Man
(1980) de David Lynch sobre la neurofibromatosis. En la
tabla 1 se recogen películas que se han considerado
imprescindibles en la docencia médica5.
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Tabla 1: películas útiles en
la educación médica5 |
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1.- El Doctor/ The Doctor (1991) de Randa
Haines
2.- El Dr. Arrowsmith/ Arrowsmith (1931)
de John Ford
3.- La ciudadela/ The Citadel (1938) de
Rey Vidor
4.- No serás un extraño/ Not as a stranger
(1955) de Stanley Kramer
5.- La clave de la cuestión / Pressure Point
(1962) de Hubert Cornfield
6.- Mi vida es mía/ Whose Life Is It Anyway?
(1981) de John Badham
7.- El experimento Tuskegee/ Miss Evers´Boys
(1977) de Joseph Sargent
8.- Hombres que dejan huella/ The Interns
(1962) de David Swift
9.- En estado crítico/ Critical care
(1997) de Sidney Lumet
10.- En el filo de la duda/ And the Band
Played on (1993) Roger Spottiswoode |
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Los médicos
somos receptores y coleccionistas de historias que
comparamos con la que nos refiere el paciente, que
pueden contribuir como modelo de acercamiento a otros “encuentros”,
y en especial, al que supone la relación paciente-médico.
El cine refleja muy bien la concreción, las
circunstancias y el contexto individual y social en que
ocurren las cosas y demuestra ser un medio idóneo para
describir la enfermedad como experiencia individual y
como fenómeno social, no sólo como un hecho biológico o
una entidad nosológica abstracta6.
En cuanto al cine como elemento docente, muchas
experiencias optan por utilizar escenas seleccionadas de
películas muy pedagógicas y alentar a los participantes
a que vean en su tiempo libre toda la película y otras
relacionadas. Emplear una escena de una película que
representa de manera vívida un trastorno psiquiátrico,
permite por ejemplo, evitar los problemas éticos (confidencialidad,
conseguir permisos para las salidas de los enfermos,
etc.), que se asocian a la utilización de casos y
pacientes reales como ilustraciones en el aula1,3,7-9.
El objetivo de este abordaje es mejorar las conferencias
y clases con discusiones relevantes al reducir al mínimo
el tiempo de visión de las películas. Para sacar más
partido del cine, debe complementarse con una buena
formación en torno al mundo de la imagen, porque enseñar/
aprender a mirar una imagen, descodificarla, es tan
importante como saber leer y entender un texto escrito.
La afición
por el cine, desarrolla la sensibilidad (capacidad de
observación y de percepción), la capacidad creativa (asociación
de ideas, reflexiones, nuevas formas de pensamiento) y
la dimensión expresiva (exteriorización de sentimientos
y emociones), que puede ser muy significativas para el
ejercicio del médico, en particular de Atención Primaria
y permitir así mejorar la relación médico-enfermo, a
través de los detalles que observa. El cine ayuda a
encontrar formas de interacción con los pacientes que
permiten aprender a respetar la autonomía (capacitarlos
para adoptar decisiones informadas acerca de
acontecimientos), el descubrimiento del pasado como
génesis del presente y la utilidad de pensar
críticamente para romper con esquemas predeterminados.
Contribuye a hacer más significativo el conocimiento
aprendido en el sentido de que ayuda a incorporar
conceptos aprendidos a nuestras propias experiencias
vitales.
El cine ha
construido muchas ficciones que se desenvuelven en torno
a la vida médica en toda su dimensión y es de agradecer
su interés en mostrar la discapacidad, los problemas de
los enfermos terminales, lo cotidiano en centros
hospitalarios, los problemas jurídicos, etc., que han
facilitado introducir al espectador en dramas y
melodramas que le servirán de ejemplos moralizantes y
confortarán su existencia. Hay que tomar en cuenta que
el cine, sin embargo no es un tratado científico y que
sus guiones no se adaptan siempre a la verdad histórica
y científica y comete excesos, incluso en películas que
no pertenecen a la ciencia ficción pura1.
Los elementos científicos que aparecen en las películas
lo son con relación al guión, por lo que no es de
extrañar que existan exageraciones y falsedades. Si se
utiliza como herramienta educativa es imprescindible
hacer un análisis profundo del tratamiento que hace la
película de la enfermedad en cuestión, valorando lo real
y haciendo hincapié en cuáles son sólo recursos
cinematográficos.
El cine y los cuidados paliativos
El final de
la vida ha sido objeto de atención por el cine a través
de muchas películas (tabla 2) que permiten explorar la
influencia de la enfermedad avanzada, crónica y
progresiva sobre quien la padece, la comunicación y cómo
reaccionan ante ella los afectados, sus allegados y la
sociedad en general, el fenómeno de la muerte, el
suicidio, el duelo individual/ social, las consecuencias
a nivel simbólico y biológico de las pérdidas y los
dilemas éticos10.
En esta etapa deben tomarse muchas veces decisiones que
implican una necesaria deliberación moral de gran
importancia sobre el protagonismo del enfermo, sujeto de
especial protección sea cual sea su condición, la
prolongación o no de tratamientos y de la vida,
protección de sus deseos, presencia o no de sufrimiento
y dolor, soledad, etc.
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Tabla 2: películas de interés
en cuidados paliativos |
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Amar la vida/ Wit (2001) de Mike Nichols
Amarga victoria/ Dark Victory (1939) de
Edmund Goulding
Bailo por dentro/Inside I´m Dancing
(2004) de Damien O´Donnell
Cosas que importan/ One True Thing (1998)
de Carl Franklin
Despertares/ Awakenings (1990) de Penny
Marshall
El amor ha muerto/ L’ amour à mort (1984)
de Alain Resnais
El Doctor/ The Doctor (1991) de Randa
Haines
El hijo de la novia (2001) de Juan José
Campanella
Elegir un amor/ Dying Young (1991) de
Joel Shumacher
En América/ In America (2002) de Jim
Sheridan
En el filo de la duda/ And the Band Played on
(1993) Roger Spottiswoode
En estado crítico/ Critical Care (1997)
de Sydney Lumet
Hable con ella (2002) de Pedro Almodóvar
Iris (2001) de Richard Eyre
Johnny cogió su fusil/ Johnny Got His Gun
(1971) de Dalton Trumbo
La habitación de Marvin/ Marvin’s Room
(1996) de Jerry Zaks
La noche de las chicas/ Girls’ Night
(1998) de Nick Hurran
La vida/ C’est la vie (2001) de Jean
Pierre Améris
Las invasiones bárbaras/ Les invasions
barbares (2003) de Denys Arcand
Magnolias de acero/ Steel Magnolias
(1989) Herbert Ross
Mar adentro (2004) de Alejandro Amenábar
Mi vida/ My Life (1993) de Bruce Joel
Rubin
Mi vida es mía/ Whose Life Is It Anyway?
(1981) de John Badham
Mi vida sin mí/ My Life Without Me (2003)
de Isabel Coixet
Muerte de un viajante/ Death of a Salesman
(1985) de Volker Schlöndorff
Otoño en Nueva York/ Autumn in New York
(2000) de Joan Chen
Patch Adams (1998) de Tom Shadyac
Planta 4ª (2003) de Antonio Mercero
Quédate a mi lado/ Stepmom (1998) de
Chris Columbus
Tierras de penumbra/ Shadowlands (1993)
de Richard Attenborough
Vivir/ Ikiru (1952) de Akira Kurosawa
Volver a empezar (1982) de José Luis
Garci |
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El Doctor/
The Doctor (1991) de Randa Haines permite valorar el
tema de la relación médico paciente, la experiencia del
acercamiento al “otro”, cuando un cirujano, el Dr. Jack
MacKee (William Hurt) (foto 1), jefe de servicio de un
hospital de San Francisco, es diagnosticado de un cáncer
de laringe y atendido en su propio hospital. Aquí
aprende en carne propia, lo que es empatía y la
compasión que necesita el enfermo por parte de su médico,
además de que sea un experto. Reconoce que el paciente
debe ser protagonista en esta situación para lo cual
tiene derecho a conocer la verdad. Es significativo su
cambio de actitud cuando antes pregonaba que las
funciones de un cirujano eran “diagnosticar, operar y
salir”, para cuando les pide a sus pupilos después de su
tratamiento: Doctores habéis dedicado mucho tiempo a
aprender los nombres latinos de las enfermedades de
vuestros pacientes, ahora vais a aprender algo más
sencillo, que los pacientes tienen su nombre. Les
aconseja igualmente que tengan en cuenta los puntos de
vista y las opiniones del paciente, lo que facilita
llegar a comprenderle, tranquilizarle y dejarle
satisfecho. La falta de información produce la
conspiración de silencio que puede resultar perjudicial
aunque se presente como un acto de amor11.
La conspiración de silencio es tratada en clave de humor
en la película Good Bye, Lenin! (2003) de
Wolfgang Becker donde un hijo que vive en Berlín Este
después de la caída del muro, monta una farsa para hacer
creer a su madre, una comunista muy comprometida, con
una enfermedad grave, que nada había cambiado para que
no se deteriore más su salud.
Es posible
apreciar la compleja situación que atraviesan los
enfermos en películas como Amar la vida/ Wit
(2001) de Mike Nichols donde la protagonista Vivian
Bearing, (Emma Thompson) (foto 2) se enfrenta a un
cáncer de ovario avanzado con metástasis generalizadas.
Es una profesora de literatura inglesa, muy inteligente,
especializada en John Donne, poeta metafísico con un
especial interés sobre la muerte. Su carácter
perfeccionista, de gran rigor intelectual y de búsqueda
de la verdad, la lleva a pasar durante sus últimos ocho
meses situaciones comunes a muchos enfermos como la
revelación brusca de su diagnóstico o el tener que
decidir sobre su tratamiento experimental sin estar
capacitada para ello12.
La película transcurre en un hospital americano donde se
trata su problema de forma muy recargada desde el punto
de vista científico, con un tratamiento agresivo, con
escasa implicación de los sanitarios en temas más allá
de su enfermedad, salvo una enfermera. La protagonista
demuestra cómo afronta su enfermedad, que sigue un
proceso cambiante en el que necesita tener ciertas
estrategias defensivas como el humor para salir adelante.
Durante este tiempo medita sobre su vida, la dependencia,
el significado de no poder decidir ni controlar lo que
le sucede y la similitud entre el comportamiento frío y
distante que ella ha tenido con sus alumnos y el de los
sanitarios que le atienden, sobre el cual se arrepiente.
Llama la atención sobre la falta de empatía de los
sanitarios tanto al informarla, al solicitarle el
consentimiento informado para hacerle pruebas y
someterla al tratamiento experimental así como el
sufrimiento que se produce en los pacientes por el largo
tiempo de espera para conocer los resultados de sus
estudios13.
Se da cuenta de lo distinto que es hablar de la muerte
en abstracto en la poesía, a hablar de su vida y de
su muerte. Los métodos que le servían en la
Universidad para extraer la verdad en lo que ella
enseñaba, le son ahora inútiles para conseguir una buena
muerte. Es consciente de su fracaso. Reconoce que es la
hora de la sencillez, es la hora de la bondad, su gran
ignorancia ante la muerte y que tiene miedo12,
13.
Se resalta la actitud de la enfermera que le dedica
tiempo para conocer sus preocupaciones y le ofrece una
escucha atenta, comprensión y ayuda para que pueda
evolucionar positivamente en la adaptación a su
enfermedad. Con ella habla de su voluntad y de sus
deseos y es ella quien logra que sean respetados y que
no se le someta a un encarnizamiento terapéutico.
El
enfrentamiento con la verdad sobre su diagnóstico y
pronóstico pueden producir profundos cambios en los
enfermos. En la soledad del hombre se produce una lucha
y una búsqueda que pueden conducir tanto a la
desesperación como a una forma de vida productiva y
eficiente, y a una existencia feliz dentro de las
limitaciones de cada día. Este hecho existe también en
otras películas como Vivir/ Ikiru (1952) de Akira
Kurosawa, donde Kanji Watanabe (Takashi Shimura) (foto
3), el protagonista, afectado de un cáncer gástrico, una
vez que conoce su padecimiento, dice: "la desgracia
tiene otro lado bueno, la desgracia enseña al hombre la
verdad... el cáncer le abrió los ojos hacia la vida...
los hombres son frívolos, ellos se dan cuenta de qué
bella es la vida sólo cuando se enfrentan a la muerte y
que tienen una oportunidad para recuperar el tiempo
perdido", de “vivir”, casi de nacer de nuevo para
transcurrir sus últimos seis meses en las sensaciones y
compromisos que había ignorado en los 60 años que había
vivido. En Volver a empezar (1982) de José Luis
Garci Antonio Albajara (Antonio Ferrandis), un profesor
universitario afectado por una enfermedad terminal, que
regresa a su país, demuestra su entereza frente a la
muerte, la resignación y aceptación y el miedo al dolor
que ésta le produce. Estas tres películas permiten una
reflexión sobre la influencia de acontecimientos, por
críticos que sean, que no adquieren sentido más que en
el interior de la narrativa completa de la vida de una
persona.
La
“terminalidad” no tiene por qué ser un periodo de
aflicción y de espera angustiosa ante la muerte porque
da cabida afortunadamente también a momentos en los que
se pueden aprovechar las potencialidades terapéuticas
del buen humor como se demuestra en películas como
Patch Adams (1998) de Tom Shadyac y Planta 4ª
(2003) de Antonio Mercero, y se ha utilizado en el
cuidado de pacientes con cáncer (foto 4), en unidades de
cuidados intensivos, en psicoterapia, en el
preoperatorio e incluso en acciones para mejorar el
autocuidado del personal sanitario. El humor y la risa
son útiles a la hora de establecer la relación entre
cuidadores, pacientes y familiares y ayuda a romper el
hielo en situaciones tensas, a la vez que sirve para
fomentar la confianza y reducir el temor. Para algunos
individuos actúa como “equilibrador” de la inquietud
ante la muerte, ayuda a engendrar la esperanza, crea un
sentido de perspectiva y de control de la situación y
favorece una mejor comprensión de la persona consigo
misma y con los demás. Un efecto “positivo para los
enfermos” es que el humor les ayuda a sentirse
“conectados” con otras personas, y el soporte que les
proporciona sirve para desviar la percepción de su
situación que de otra manera les resultaba abrumadora y
obtener así una mejor relajación.
Las
invasiones bárbaras/ Les invasions barbares (2003)
de Denys Arcand nos presentan a un profesor
universitario, Rémy (Rémy Girard) (foto 5), afectado por
un cáncer avanzado que al final de sus días intenta dar
sentido a su muerte, cuando se da cuenta de que todas
las ideas e “ismos” a los que se había entregado durante
su vida no le han dado la felicidad que buscaba. Muestra
un conjunto de personajes ocupados por vivir o
sobrevivir en un sistema que conduce a la frustración o
al engaño de sí mismos, pero que en el curso de
interesantes encuentros recuperan los valores básicos
del ser humano como el misterio del amor y afecto para
encontrar que sólo permanecemos en la memoria de quienes
nos quisieron, de los que aprendimos y en los que algo
enseñamos, lo que permitirá al protagonista encontrar el
consuelo y la muerte que ha deseado tener.
La
habitación de Marvin/ Marvin’s Room (1996) de Jerry
Zaks y La vida/ C’est la vie (2001) de Jean
Pierre Améris permiten comprender cómo podemos
intervenir para favorecer una muerte con dignidad cuando
los enfermos llegan a la situación terminal, a través
del alivio de los síntomas molestos, la compañía de sus
seres queridos y el respeto a la voluntad del paciente.
Viene a bien recordar las palabras del filósofo López
Aranguren sobre que la muerte digna es aquella que
sea un espectáculo decoroso; que no desdiga lo que fue
nuestra vida; que lo sea en compañía y que lo sea en el
propio entorno14.
El cine, como
arte centrado en el hombre, proporciona su propio
análisis incluso de la muerte. En este aspecto Muerte
de un viajante/ Death of a Salesman (1985) de Volker
Schlöndorff, basada en la obra homónima de Arthur
Miller, y El amor ha muerto/ L’ amour à mort
(1984) de Alain Resnais tratan diversos temas
tanatológicos como el sufrimiento, el dolor físico, el
dolor total, las conductas suicidas, la muerte y el
duelo que deben ser conocidos por los sanitarios. Las
dos películas recalcan que uno de los objetivos de la
medicina actual no sólo es curar sino que cuando esto no
sea posible, es buscar la forma para que los pacientes
mueran en paz, lo que supone una gran responsabilidad
moral para los médicos. El suicida potencial, por
ejemplo, tiende a recurrir a los sanitarios en busca de
una ayuda para morir, lo que incide en la necesidad de
éstos de no descuidar de proporcionarles un apoyo
integral a tiempo para evitar que el suicidio se
produzca por desesperación15.
El cine
también puede ayudar a cerrar muchas heridas graves de
la sociedad, el duelo grupal de un pueblo, tras un
sufrimiento infligido por el terrorismo, guerras,
atentados, a partir de la historia o gracias a
protagonistas de estas historias que se han convertido
en guionistas y logrado expresarse y compartir su
experiencia con todos, en un acto profundamente curativo16.
Esto se produce con películas que traen al espectador
conflictos del pasado, recientes o actuales, que no han
sido suficientemente digeridos porque en su momento, se
consideró que estorbaba clarificarlos por razones de
seguridad nacional, por “procesos de paz”, patriotismo,
etc. En este sentido están películas como La noche de
los lápices/ Night of the pencils (1986), de Héctor
Oliveira, sobre la tortura en la dictadura argentina;
Iluminados por el fuego (2005), de Tristán Bauer,
sobre el suicidio de un excombatiente argentino en la
guerra de las Malvinas; Nacido el 4 de Julio/ Born on
the Fourth of July (1989) de Oliver Stone, sobre las
consecuencias de la guerra del Vietnam (foto 6). Las
revisiones sobre los sufrimientos de los excombatientes
o víctimas de cualquier guerra, atentado o régimen
injusto y de la sociedad civil siempre serán actuales,
porque la sociedad no deja rápidamente de sufrir por
estas agresiones a las que les siguen duelo,
discapacidades, miedos y locuras, y un valor profundo y
una sensación de sin sentido, de desprotección y de
abandono en el que quedan las víctimas. La visión de
esas películas puede permitir reconocernos, consolarnos
y percibir mejor lo que se debe valorar, luchar y si es
posible, madurar. Esa acción curativa se la debemos al
cine, que permite a la población realizar sus duelos,
evitando con ello daños postraumáticos mayores y más
persistentes16. Algo normal, ya que el fin de la
tragedia es alcanzar la catarsis, la purificación, por
medio de la compasión ante un sufrimiento inmerecido, y
el temor ante la desgracia de los que están expuestos a
peligros semejantes7.
El cine y la bioética
La actuación
sanitaria tiene que regirse en principios éticos. La
bioética facilita que se tomen las mejores decisiones
para el enfermo de la forma más prudente a través de la
reflexión filosófica y la deliberación. La decisión
correcta implica tomar en consideración una compleja red
de valores sociales y del enfermo, los criterios de
bondad o prudencia y otras dimensiones fundamentales en
el mejor interés para el paciente y su familia. En ética
las razones son sólo argumentos persuasivos que no
anulan completamente las otras perspectivas y razones de
los demás, por lo que otros detalles sobre el mismo
asunto o problema deben incluirse como un verdadero
imperativo moral6.
El cine es un
medio de narrativa audiovisual que se sirve de historias
humanas y que refleja muy bien la concreción, sus
circunstancias y el contexto en que ocurren. Es un
lenguaje adecuado para narrar experiencias de enfermos y
las situaciones de la práctica clínica en las que
aparecen conflictos éticos sobre los que se deben tomar
decisiones. Como los seres humanos somos
estructuralmente morales y la ética es la columna
vertebral de nuestros actos, una buena película se
convierte en paradigma de moralidad. El cine o la vida
como un todo se funde con la ética como razón práctica
de la vida y de los hábitos humanos. De esta manera,
ofrece situaciones concretas a tratar sobre pacientes
particulares por lo que puede convertirse en un saber
práctico, prudencial, que, junto a los principios, sitúa
a los deseos del enfermo en su debida importancia.
Muchos temas bioéticos en la “terminalidad” se pueden
estudiar a través de películas clásicas que inciden
sobre la enfermedad, siendo posible tratar así el
paternalismo, las responsabilidades del médico, la
eutanasia, el suicidio asistido, el sentido del
sufrimiento, etc. Ésta es la época de la ética de la
responsabilidad con todo y con todos, con la razón pero
también con las emociones, los deseos, los valores, las
creencias, etc. Responsabilidad con los otros seres
humanos y con las tradiciones, con la naturaleza y con
el futuro7.
Las peticiones de ayuda para morir suponen una gran
responsabilidad moral para los médicos que entra de
lleno en la bioética y cada vez preocupan más a la
opinión pública.
Son numerosas
las películas de interés para la bioética que ayudan a
reflexionar sobre diversos temas. Entre ellas se
encuentran: Decálogo II/ Dekalog II (1989) de
Krzysztof Kieslowski -la vida moral y la toma de
decisiones prudentes-, Duelo silencioso/ Shizukanaru
ketto (1949) de Akira Kurosawa -el secreto médico,
paternalismo y justicia, -Así es la aurora/ Cela
s’appelle l’aurore (1956) de Luis Buñuel, canto de
amor, amistad y libertad-, Barbarroja/ Akahige
(1965) de Akira Kurosawa, -el médico virtuoso- Doctor
Akagi/ Kanzo sensei (1998) de Shohei Imamura - la
soledad científica de un médico paternalista-, El
experimento Tuskgee/ Miss Evers´Boys (1977) de
Joseph Sargent, - la sífilis y la investigación con
seres humanos-, Philadelphia (1993) de Jonathan
Demme -el SIDA-
17,18,
El fugitivo/ The fugitive (1993) de Andrew Davis,
- la ética en la investigación-19;
El jardinero fiel/ The constant gardener (2005)
de Fernando Meirelles, -crítica sobre la ética en el
desarrollo de nuevos medicamentos por la industria
farmacéutica20
En el filo de la duda/ And the Band Played on
(1993) Roger Spottiswoode, - El SIDA-, Hable con ella
(2002) de Pedro Almodóvar, - el estado vegetativo- y
Million dollar Baby (2004) de Clint Eastwood y
Mar adentro (2004) de Alejandro Amenábar -ambas
galardonadas en con el Oscar de la Academia de Hollywood
a la mejor película y mejor película en habla no inglesa-
comparten el problema de la tetraplejia y tratan de
forma diferente el mismo tema, la eutanasia y la
petición de ayuda para morir21
(tabla 3).
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Tabla 3: películas
de interés en Bioética6,
7, 12, 13, 15-20 |
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Amarga victoria / Dark Victory (1939) de
Edmund Goulding
Así es la aurora/ Cela s’appelle l’aurore
(1956) de Luis Buñuel
Barbarroja/ Akahige (1965) de Akira
Kurosawa
Decálogo II/ Dekalog II (1989) de
Krzysztof Kieslowski
Doctor Akagi/ Kanzo sensei (1998) de
Shohei Imamura
Duelo silencioso/ Shizukanaru ketto
(1949) de Akira Kurosawa
El ángel ebrio/ Yoidore tenshi (1948) de
Akira Kurosawa
El experimento Tuskegee/ Miss Evers´Boys
(1977) de Joseph Sargent
El fugitivo/ The fugitive (1993) de
Andrew Davis
El jardinero fiel/ The constant gardener
(2005) de Fernando Meirelles
Johnny cogió su fusil/ Johnny Got His Gun
(1971) de Dalton Trumbo
Los ojos sin rostro/Les yeux sans visage
(1959) de Georges Franju
Los orgullosos/ Les orgueilleux (1953) de
Yves Allegret
Mar adentro (2004) de Alejandro Amenábar
Million dollar Baby (2004) de Clint
Eastwood
Muerte en Venecia/ Morte a Venezia (1971)
de Luchino Visconti
Philadelphia (1993) de Jonathan Demme
Relámpago sobre el agua/ Lightning Over Water
(1980) de Nicholas Ray y Wim Wenders
Vivir/ Ikiru (1952) de Akira Kurosawa |
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Estas
películas relatan historias donde diversos valores,
deberes, razones y sentimientos entran en conflicto y
donde algunos médicos toman como referencia los
principios de ética biomédica (Principles of Biomedical
Ethics) de Beauchamp y Childress (1979)22,
que establecen el respeto a la autonomía de las
personas, la beneficencia, la no maleficencia y la
justicia. Son numerosos los directores que han permitido
mostrar problemas y dilemas bioéticos de distintas
culturas y diferentes momentos históricos. Entre ellos,
se mencionan Akira Kurosawa y Shohei Imamura, por el
cine japonés; Yves Allegret y Georges Franju, por el
cine francés; Wim Wenders por el cine alemán; Manuel de
Oliveira, por el portugués, Luis Buñuel y Julio
Diamante, por el cine español, Ingmar Bergman, por el
cine sueco, Roberto Rossellini y Luchino Visconti , por
el cine italiano. Nicholas Ray, John Ford, King Vidor,
Stanley Kramer, Robert Wise y Edmundo Goulding, por el
cine nortemericano7.
El respeto
por las personas incorpora al menos dos convicciones
éticas: primera, que los individuos deberían ser
tratados como entes autónomos y segunda, que las
personas cuya autonomía, está disminuida más aún si se
trata de enfermos en fase terminal, deben ser objeto de
especial protección. Ente autónomo es el individuo
capaz de deliberar sobre sus objetivos personales y
actuar bajo la dirección de esta deliberación por lo
que es necesario facilitar la participación del paciente
en la toma de sus decisiones con un conocimiento
apropiado sobre su enfermedad, perspectivas, etc.,
siempre con la mayor delicadeza posible. La beneficencia
se refiere a procurar el bien del enfermo y extremar los
posibles beneficios y minimizar los posibles riesgos. La
maleficencia, intenta evitar daño al enfermo y no
someter al paciente a riesgos o pruebas innecesarias en
la investigación biomédica6,7,10.
La justicia es la imparcialidad en la distribución de
los riesgos y los beneficios. Los procedimientos
prácticos de estos principios, es decir, el
consentimiento informado, la evaluación de riesgos y
beneficios, la selección equitativa de los sujetos de
experimentación y, por encima de todo, no olvidar que la
obligación de no hacer el mal es mayor que la de hacer
el bien, serán las acciones que protagonistas e
intérpretes nos brinden en contextos más o menos
poéticos y en marcos referenciales también más o menos
estéticos7.
Conclusiones
El cine con
su poderosa influencia sobre el intelecto, los sentidos
y la empatía, es un instrumento docente muy importante
para ayudar a los estudiantes y sanitarios a comprender
mejor al ser humano enfermo. Mediante la utilización
apropiada de películas seleccionadas, es posible enseñar
y crear un marco de diálogos muy provechosos para
generar actitudes positivas sobre la situación y cuidado
de los enfermos y de sus familias, a la vez que
facilitar la adquisición de destrezas que permitan a los
profesionales ofrecer respuestas éticas a las diversas
inquietudes y dilemas propios de esta etapa de la vida.
El cine puede además ayudar a conseguir una mayor
sensibilización social ante la enfermedad, la soledad,
los cuidados paliativos, la tanatología, el suicidio y
el duelo y la educación bioética de los sanitarios.
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